11 de mayo de 2001
Cuando te vi aun no sabia que serias para mi, pero solo hicieron falta unos pocos días para encontrar lo que estaba naciendo en el fondo de mi corazón.
Enseguida y sin pensarlo me fui en tu busca sin ni siquiera saber que lo nuestro seria para siempre aunque con la esperanza de que lo pudiera ser.
Paso un largo tiempo, aunque a tu lado parecía que solo hubiesen sido pocos días y nos tuvimos que separar, entonces esos días se convirtieron en años y esos años en eternidad.
Uno de los días mas felices fue cuando decidiste que volviéramos a continuar esa eternidad sin jamas volver a alejarnos.
Me jure cambiar esa contradicción de sentimientos por alejarte de los tuyos para acercarte a mi. Nunca podre compensarte eso, pero no me quedare sin intentarlo. Al igual que a tu familia por no impedir que su pequeña se alejase unos kilómetros, unas veces tan distantes y otras tan cercanos, nunca podre aunque vaya si lo intento llenar ese hueco que dejaste al vaciar los armarios y cajones de tu fría habitación de Madrid.
Con el paso de los años llegamos a entendernos tanto, que unimos nuestras vidas con ese acto simbólico que no izo otra cosa que confirmar lo que un 11 de mayo el destino se ocupo de cruzar en mi camino una morenaza madrileña que cautivó mi corazón .
Fue así pequeño cuando empezó, sin que tu lo supieras, a escribirse en nuestras vidas la pequeña historia de tu vida.
Diego
Aun nadie te esperaba, aunque aquella noche mamá ya sabia que algo en su interior no te dejaba aguantar la curiosidad por conocer este frio e inmenso mundo.
Los dolores tenian que ser insoportables pero el saber que pronto te conoceriamos y el valor de una madre con una fuerza como ningun hombre podria soportar hizo que mamá aguantase toda la noche sin apenas soltar un gemido que me pudiera despertar. Apenas habia amanecido y cada vez estaba mas cerca el momento de encontrarte con nosotros, llegamos al hospital sin saber si aquel seria el momento o aun tendriamos que esperar para conocerte, apenas una hora despues nos dijeron que no querias permanecer mas tiempo dentro de mamá y que en un ratito te podriamos abrazar.
La espera se hacia cada vez mas larga, entre los dolores y la incognita de que todo saliese bien parecia que esas horas nunca acabarian.
En aquella pequeña habitacion, si se le puede llamar asi a ese habitáculo de 3 metros cuadrados solamente se oía el latido unas veces lento y otras mas rapido de tu pequeño pero fuerte corazon. Mamá cada vez tenía mas dolores, eso queria decir que ya casi estabas aquí. Me pusieron una bata de "papel" de color verde con un gorrito y unas patuflas para llevarnos a la sala donde te veriamos nacer.
La sala parecia sacada de una pelicula, su camilla para tumbar a mamá, esa lampara cegadora para poder ver todo lo que pasaría, dos enfermeros con la misma pinta que tenia yo pero con menos nervios y mas idea para poder ayudar a mamá, una señora un poco mas mayor que el resto que tambien vendria a ayudar, no podia faltar esa bandeja llena de utensilios que mas que para traen una vida al mundo parecia que los utilizarian para todo lo contrario y un cubo debajo de la camilla para recoger todo lo que callese del inerior de mamá.
Llego la hora y aquellos nervios se convirtieron prisas, la señora mayor daba instrucciones a mamá para que te ayudara a salir, los enfermeros manipulaban tu pequeña cabecita para colocarla y que no te icieses daño, los utensilios de la bandeja pasaron de estar relucientes a parecer sacados de una pelicula de Stiphen Kin y el cubo cada vez mas lleno líquidos y sagre; yo no podia hacer otra cosa que apretar mis manos tras de mi y esperar que toda esa fuerza que yo estaba haciendo con mis manos sirviese para que aquella campeona empujase mas fuerte para que aquel sufrimiento acabase lo antes posible. De repente se oyo un llanto que izo que todo los que estabamos allí soltasemos como si nos hubiesen abierto una llave de paso ese aliento contenido que todos guardabamos para empujar junto a mamá.
Ya estabas aquí, con un color entre morado por el esfuerzo que habías tenido que hacer y carmín por la sangre que aun tenias en tu cuerpo. En seguida te pusieron encima de mamá, y la sala se lleno de una mezcla de alegría y alivio al ver que todo había salido bien.
Yo no podía hablar, en la garganta se me había hecho un nudo que no me dejaba decir ni una palabra, solamente me quede mirando como mama te acariciaba y te hablaba emocionada.
Los dos días que estuvimos en el hospital estuvieron llenos de nervios por hacer bien las cosas y orgullo por compartir la vida que habíamos traído al mundo.
Tu nuevo hogar
El numero 47 de nuestra calle, cada vez se estaba quedando mas pequeño, a pesar de tener dos plantas, ya no sabíamos donde meter todos tus trastos.
Los primeros días allí se nos quedaban cortos de horas, las 24 horas del día de repente se convirtieron en 4 o 5 o eso pensábamos mamá y yo al ver que no hacíamos otra cosa que darte de comer y limpiarte las caquitas, y casi no nos quedaba tiempo para nada mas.
Ya tienes casi 4 meses y cada día el nº47 se va haciendo mas y mas grande, quizás porque vamos poco a poco cogiendo mas experiencia o porque esos molestos cólicos no han vuelto a aparecer. Ya no aparecen esas lágrimas que a mamá y a mi se nos escapaban al no saber que te pasaba cuando te costaba comer y no cogías peso, aunque ahora no lo parezca.
Cada mañana al irme a trabajar no puedo evitar asomarme a tu cunita y ver si te mueves, si respiras, porque me da mucho miedo que te pueda pasar algo y yo no lo pueda evitar, y no tengo otra cosa en la cabeza que llegar de nuevo a casa para volver a ver esa carita sonriente que cada día me recibe des pues de un largo día de trabajo con un "ajo", una "pedorreta" o una sonrisa; eso y un beso de mamá es lo mas grande que puedo pedir a esta vida.
Algún día seras tu quien escribas unas lineas como estas en tu vida, porque inevitablemente llegara el día en que quien sabe si quizás un 11 de mayo encontraras al igual que yo lo hice esa mujer con la que compartir un "Pequeño gran campeón" que te de las ganas de vivir que a tu mamá y a mi nos has dado.
Te quiero Campeón.
CAPITULO I
Ya tienes 5 meses, cuando llego a casa mamá esta preparando la cena, es su primer dia de trabajo despues de una larga baja por maternidad, es la primera noche que me voy a quedar solo contigo, tengo una sensacion entre nervios por hacerlo bien y miedo a que te pueda pasar algo. Voy a darme una ducha que llevo esperando todo este largo y estresante dia de trabajo.
A las 8.30 nos disponemos a cenar, en la mesa de la cocina hay servido sobre un mantel de cuadros verdes y blancos con alguna florecilla bordada, una ensalada de las que prepara mamá: tomate, lechuga, aguacate, pepino, y atún en escabeche porque sabe que a mi en aceite no me gusta; corto un poco de jamón y algo de fiambre para acompañar la ensalada.
A las 9.30 mamá baja corriendo las escaleras para terminar de arreglarse e irse al trabajo, nos da un beso de buenas noches y se marcha, se que esta va a ser la noche mas larga de todas las que ha trabajado.
El reloj marca las 0:00 y te preparo el biberón de antes de acostar, aun sin terminártelo del todo te estas quedando dormido, pero aun así sigues bebiendo hasta dejarlo vacío, te cambio de pañal y te bajo por la escalera, una mano sujetándote a ti y la otra a la barandilla por miedo a que nos podamos caer por ella.
Te dejo en tu cuna, te tapo para que no tengas frío y abres un momentito los ojos como esperando a que te de un beso y te de las buenas noches como todas: "Buenas noches campeón, que descanses", me sonríes y te conecto tu vigila bebes para que empiece a sonar esa musiquita con la que te duermes todas las noches y me subo al salón para terminar de recoger lo que hemos dejado por medio e irme a acostar que mañana va a volver a ser un día duro.
Cuando llego arriba en el vigila bebes se escucha la musiquilla, me pongo a recoger y de repente a la vez que la musiquilla se oyen unos ruidos que jamas se habían oído, son algo así como la respiración de alguien, se que no es la tuya porque suena mucho mas fuerte y grave, bajo la escalera sin apenas tocar los escalones y cuando llego a tu cuna solamente está tu peluche y la ropa revuelta.
El corazón se me para, la ventana esta abierta y una brisa mueve las cortinas, me asomo por ella pero solamente en la calle una oscuridad como creo que nunca había visto.
Me pongo a buscar por toda la casa por si estuvieses aun en ella si ponerme a pensar que lo responsable de ese aliento que oí estaría contigo.
Casi no puedo respirar del miedo que tengo dentro, me vuelvo a asomar por la ventana y bajo la ventana tirado en la acera veo tu chupete, sin pensarlo salgo corriendo a la calle con la esperanza de encontrar un indicio de por donde se te habían llevado.
Porque te han elegido a ti, que es lo que buscan, que es lo que se te ha llevado, esas preguntas no me las podía quitar de la cabeza, no entendía lo que estaba pasando.
Cuando llego debajo de la ventana el chupete está aun con el calor de tu boca como si te acabara de caer, sin perder un segundo sigo corriendo calle abajo pensando que ese es el camino que habíais seguido, la calle esta vacía y un escalofrío recorre mi espalda al darme cuenta que estoy corriendo sin saber donde.
Me niego a volver a casa porque si dejo de buscarte algo me dice que no te veré mas, pero así lo único que hago es no pensar e ir a ningún sitio en concreto.
Aunque mi cuerpo no quiere dejarme mi cabeza me vuelve a llevar a casa para pensar, creo, o por lo menos para acostarme un rato hasta que se haga de día para seguir buscando allá donde estés.
No puedo dormir, pero después de un largo rato el sueño me vence, en cuanto cierro los ojos aparece la imagen de tus ojos mirándome cuando te dejé en la cuna, pero de repente esa imagen desaparece y como un fotograma aparece la imagen de una cancela como de unos tres metros o mas de altura hecha de hierro forjado como si tuviera cientos de años.
De un salto me despierto y me quedo sentado en la cama sudando y dándole vueltas a esa cancela que como un mensaje seguro que tu me habías enviado.Estoy seguro que encontrándola estaré mas cerca de ti.
CAPITULO II
Aun no ha amanecido pero no puedo seguir en la cama, me pego una ducha rapida y antes de seguir buscando se me ocurre que lo mejor es ir a la policía a denunciar el secuestro.
-Buenos dias!, en la puerta un chico joven vestido de uniforme me saluda.
-Buenos días, venia a denunciar el secuestro de mi hijo.
-Acompáñeme, me pasa a un despacho, en el despacho solamente un par de mesas llenas de papeles, un ordenador portátil por mesa y seis sillas vacías en la cuales nos sentamos para cursar la denunia.
-Como sabe que lo han secuestrado?
-Porque andando no se va a ir no te jode!.
Le conté todo lo que había pasado, todo iba bien hasta que le conté lo que soñé, me miró con una cara cono si estuviese mirando a un loco, no dijo nada y siguió escribiendo todo lo que yo le estaba contando.
Cuando terminé me dijo que irían a casa a buscar alguna pista para poder empezar a buscarle.
Le hice un dibujo de la cancela que vi en mi sueño por si ellos sabían de donde poda ser, y me fui a casa a esperar a que viniese la policía.
Mientras llegaban me puse a buscar en internet fotos de puertas que coincidieran con las de mi sueño, entre la infinidad que encontré había dos que eran iguales a las que vi.
En eso llaman a la puerta, la pareja de la policía entra en casa y se pone a buscar huellas por la habitación, en un par de minutos ponen todo perdido de ese polvo negro que utilizan para buscarlas y se van dejando todo así.
Le tendremos informado me dice el mas joven antes de cerrar la puerta tras el.
El estomago me dolía, seria por el miedo a no volverte a ver, aunque por la hora que era, las 14:30, tendría que ser por hambre, hice un esfuerzo por comer algo aunque por mas que lo intenté solamente pude engullir un par de piezas de fruta y un poco de agua para tragarlas.
Subí en mi coche y fui en busca de una de las puertas que creí conocer.
Después de un par de horas de viaje, casi automáticamente llegue al muro de piedra, que por la pinta que tenía seria por lo menos de hace 500 años, estaba anocheciendo, las piedras del muro estaban teñidas de un color entre negruzco y verdoso ocasionado por el paso de los años.
Aparqué el coche y me puse a seguir a pie a lo largo del muro para ver si encontraba la entrada. Cuando llevaba mas o menos un kilómetro y ya había anochecido del todo el muro se acabo para girar a mi izquierda, al volver la esquina una enorme plaza llena de cipreses presidia la entrada de lo que parecía un cementerio, me acerque a la puerta y los pelos se me pusieron de punta al ver que era igual que la que había visionado en mi sueño, me quedé paralizado, empujé con todas mis fuerzas pero aquella pesada puerta no cedía, los muros tenían mas de tres metros y era imposible saltarlos, me senté en el suelo para coger un poco de aire y pensar por donde podría entrar, apoyé mi espalda en la puerta del cementerio y como si se hundiera tras de mi me caí de espaldas; la enorme puerta tenia otra más pequeña que estaba sin cerrar.
El corazón parecía que se me iba a salir del pecho, pero ya estaba dentro, me puse en pié y empecé a recorrer todo el cementerio, solamente se oían la hojas de los arboles mecidas por el viento y mis pasos al pisar las que habían caído al suelo.
De repente algo me agarra por el hombro, se me corta el aliento, intento chillar pero no me sale ni un ruido de dentro de mi, me quedo paralizado un par de minutos y al ver que quien me había agarrado tampoco decía nada y tampoco me soltaba saqué el coraje necesario para girar la cabeza e intentar ver a quien me tenia sujeto. La cara me cambió de repente al ver que lo que me sujetaba eran las ramas de un enorme castaño que por su tamaño tenia que ser centenario.
Ya había recorrido casi todo el cementerio sin encontrar nada cuando al fondo de una de las calles delimitada por una hilera de frías lápidas se veía el resplandor de algo que parecía una vela a través de una de las ventanas de una pequeña caseta igual de tétrica que el resto del lugar. Me acerqué a observar por la ventana, en su interior una estufa encendida en una de las esquinas, en la otra una pequeña mesa llena de revistas y apoyado en la pared sentado en una silla un enorme gorila con la camisa a medio abrochar y los pues puesto encima de la mesa, echo un vistazo rápido al resto de la caseta pero no hay nada mas que pueda interesar.
Una brisa caliente me llega a la altura de la cintura, me vuelvo despacio y justo detrás un rottwailer enseñándome sus dientes hace que salga corriendo casi sin tocar el suelo, de un salto llego a la puerta y la cierro tras de mi, el rottwailer choca contra ella terminándola de cerrar.
Después de no encontrar nada, me siento en un banco de la plaza y me paro a pensar en si se me había podido escapar algo de lo que había visto. A la cabeza me viene la imagen de ese enorme castaño que me sujetó por la espalda, quizás era una señal, entonces me acuerdo de la otra ubicación de la puerta de mi sueño, si no recuerdo mal estaba rodeada de castaños en un pueblecito del norte, sin pensarlo mas cojo mi coche y me dirijo hacia allí.
CAPITULO III
Enciendo el coche para poner la calefacción ya que sentía un frío que me llegaba hasta los huesos, no se si por la fría noche o porque aún notaba el aliento de ese enorme perro respirándome en la espala.
La luz de la reserva esta encendida y pare a repostar en la gasolinera que estaba al lado del cementerio, compré una bebida de esas que llama isotónicas esperando que me quitase el cansancio que llevaba acumulado de estos dos días y me puse camino a los castaños.
El reloj del coche marcaba las 0:00 y aquella bebida ya había echo su trabajo durante estas dos horas, a un kilómetro me salí en un área que parecía más lúgubre que aquel cementerio.
En el parking solamente un coche que por la distancia a la que estábamos de cualquier zona habitada debería ser del personal del bar. En la barra un señor cuarentón con el pelo tan grasiento que no se sabía si era allí donde tendría que cocinar mi cena.
.-Buenas noches, digo mientras la puerta pega un portazo tras de mi.
.-Buenas noches, intuyo que dice el al cuello de su camisa mientras no quita ojo del televisor que hay justo encima de la puerta.
.-Tiene algo para cenar?
con el dedo y sin quitar la vista de la televisión señala un cartelón mal escrito con tiza que hay justo tras él, echo un vistazo rápido y pienso en que es lo que menos mal me va a sentar.
Pido una ensalada mixta y un plato de jamón del que hay encima de la barra que parece que tiene buena pinta y una botella de agua para beber.
Cinco minutos después se acerca a mi mesa y me trae los dos platos a la vez junto con el agua, tardo yo menos en comerlo que el en servirlo.
El sueño empieza a vencerme y tomo la absurda decisión de pedirle una habitación a aquel tipo que casi no me hizo caso en los diez minutos que estuve allí sentado.
.-Tendré que mirar si me queda alguna libre.
no se si lo dijo en broma o en serio ya que en el aparcamiento no había otro coche mas que el suyo y el mio, o eso pensaba yo que aquel era su coche.
Se agacho bajo la barra y sin decir ni una palabra puso encima de la misma una llave atada a un trozo de madera con el nº2 escrita en ella, la cogí y me dirigí en busca de la puerta nº2 para descansar hasta que saliera el sol.
Tras un largo pasillo con una sola luz al fondo que no dejaba de parpadear encontré mi habitación, abrí la puerta y entre en ella. Parecía limpia, o al menos esa impresión me dio después de ver la pinta del camarero.
Caí encima de la cama y no me dio tiempo a quitarme ni la ropa, di un largo pestañeo y me quedé dormido.
No se cuanto tiempo llevaría dormido cuando volví a escuchar ese susurro que escuche en mi casa por el
intercomunicador del chico cuando se lo llevo esa cosa. El corazón se me paralizo y un escalofrió intenso me heló todo el cuerpo, de un salto me levanté de la cama y pegué la oreja en la pare de donde venia ese aliento estremecedor.
Seguía oyéndolo era como si un enorme animal estuviese respirando pegado al otro lado de la pared, y de fondo el gemido que me pareció de un bebé. Salí corriendo de la habitación y de una patada tiré la puerta de la habitación de al lado, una brisa me pego en toda la cara, miré por toda la habitación pero no encontré a nadie. solamente la ventana de enfrente abierta y la cortina sin dejar de moverse por el aire. Me acerqué a ella y vi como el otro coche que había en el aparcamiento salia a toda velocidad.
Volví a mi habitación, cogí las llave de mi coche y salí corriendo para ver si podía llegar a coger a aquel coche.
Cuando monte en mi coche me di cuenta de que no sabia por donde se habia marchado, asi que me puse rumbo a los castaños que es donde tenia la intuición que lo encontraría.
A las dos horas de camino, en el horizonte se divisaban aquellas enormes montañas repletas de castaños igual que yo las recordaba. Una carretera muy estrecha apenas iluminada por la luz de una enorme luna me dirigió a una pequeña aldea de unas casinas bajas de un color negruzco que aún hacia que aquel sitio se viese mas lúgubre de lo que ya era.
El cansancio me caía encima como una losa, debían ser mas o menos las 3 de la madrugada y toda la aldea estaba a oscuras, toda menos un pequeño resplandor que salia de una de ellas.
Me acerco a ella, golpeo la puerta y esta se abre nada mas tocarla.
¡Buenas noches!, digo con voz firme pero sin levantarla demasiado por si estaban durmiendo, nadie contesta y me dispongo al buscar la cancela de mi sueño con la esperanza de encontrar allí a ese ser con mi pequeño.
Subo por la única calle que encontré, y al fondo de la misma diviso una pequeña puerta echa de forja antigua, un enorme escalofrió me recorrió el cuerpo, me acerque a ella miré entre las rejas y solamente se veían las cruces de las lápidas que indicaban que aquello era el cementerio de la aldea.
Empujé la puerta y entre al camposanto, era muy pequeño, apenas 8 o 10 lápidas lo llenaban, pero ni rastro de Diego ni de aquel ser que se lo llevó.
Rendido por el sueño me senté en el frío mármol y apoyé mi espalda sobre un montón de flores secas que lo decoraban.
Enseguida me quedé dormido.
De repente, el ruido de una puerta hace que abra un poco los ojos, y aturdido por el sueño consigo ver una figura que se me aproxima lentamente, de un salto me levanto y veo a mi mujer al lado de mi cama y yo empapado en sudor con la cara mas blanca que la pared y sin saber de que decir me quedo mirando a la derecha de la habitación donde esta la cuna de Diego y veo que el está allí dentro dormido como cuando lo acosté después de darle su biberón y el beso de buenas noches igual que todos los días, el reloj de la mesita marcaba las 8:20, la hora en que mi mujer llega de trabajar. Di un beso a mi mujer, otro a Diego, y respiré aliviado al ver que todo había sido una horrible pesadilla.
No dejes nunca que tus Pesadillas se conviertan en realidad.
¿FIN?